enlace Crónicas de la Croisette #4: La economía de la emoción

La #YouTubeBeach es una construcción masiva de madera bruta un poco rústica, con un diseño accidentado que contrasta con el impecable minimalismo de la playa Facebook.

Parece un rincón del Burning Man: es todo un poco caótico, pero la música en vivo no esta mal. Lo realmente confuso es la presencia de productos Google que, aunque entendible, contrasta un poco con el ambiente de festival de música.

El posicionamiento aquí es claramente emocional, algo así como “somos la más humana de las redes sociales”, la más auténtica, la más genuina. Y qué importa si se te mete arena en los zapatos, o si se te clavan astillas en las manos.

Incluso logran reproducir el ambiente relajado y ameno de un festival de música: la gente va descalza y despeinada, y los baños están sucios.

En el bar, las bebidas no son gratuitas, sino que hay que “pagar” con un Hi Five, chocando las palmas con el barman. Es ridículo, pero deja claro el “mood” del lugar y te hace entrar en el juego. En la cancha de volleyball de playa, el equipo Google (Google, no Youtube) se enfrenta a los equipos de agencias: Rosa Park, Publicis… Y lo rompe. En el forum en el que se dan las charlas, un animador hace trivias sobre qué términos de Google son los más buscados. Y, para aquellos que sientan la necesidad de sacarse una selfie submarina, YouTube puso una cámara en el fondo del mar, por qué no.

Por todos lados, las pantallas planas muestran a los YouTubers más influyentes como un grupo adorable de adolescentes del mundo entero. Y, para ilustrar ese perfecto matrimonio entre contenido online y emoción, las camisetas del evento son corazones hechos con cascos de video 360º. Es difícil ser más literal.

Incluso las charlas venden la importancia de la generosidad y la emoción. A mi me tocó ver a la ex modelo y actriz Lily Cole presentar su proyecto Impossible, una comunidad online de entre ayuda, en la que cada favor se remunera con un “thanks”, una moneda social que permito comprar productos o servicios.

En el fondo, lo que Youtube (y Google) parece querer demostrar, es que su contenido genera emociones, y las emociones generan valor de negocio. Una economía más o menos inexacta (cuánto vale un influencer? cuánto cuesta un suscriber?) pero infinitamente más rica que la ciencia exacta de los banners online, con su CTR, su CPL y su ROI.

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