enlace Crónicas de la Croisette #1

El taxista que nos lleva del aeropuerto de Nice a Cannes dice que toda la zona esta llena de extranjeros. No sólo por la Eurocopa, también por el evento aquel, “el club de los leones” dice muy seguro de sí mismo.

El Festival de Creatividad, por el momento, está en calentamiento. La carpa de Facebook aún no está terminada y la playa Twitter todavía esta haciendo pruebas de sonido. Las conferencias de hoy se repetirán mañana, pero la mayoría de la gente no llega hasta el miércoles.

La gerente de la agencia inmobiliaria me ha dado productos domésticos para el departamento e intento pasear por el boulevard de La Croisette lo más dignamente posible con mis rollos de papel de baño. En las tiendas, los restaurantes y los hoteles, el festival es omnipresente. No este, el de cine. El que cada año, en mayo, le da a la ciudad todo el glamour y el estatus necesarios para justificar otros once meses de departamentos vetustos, playas estrechas y restaurantes demasiado caros.

A los que asisten al festival de publicidad les llaman “delegates”, como si fueran miembros de la ONU, y les dan una bolsa con revistas, panfletos, stickers y una camiseta que dice “Thank you creativity”, la tagline del festival de este año.

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Este primer día, los “delegates” pasean por La Croisette, entre el Palais des Congrès y el Carlton, buscando caras conocidas para hacer un poco de networking. Pero no es fácil distinguir a los CEOs de agencias de los jubilados porque todo el mundo está vestido con el uniforme casual/informal de la French Riviera: mocasines, pantalón de lino y camisa/polo para los hombres, vestidos coloridos, sandalias y manicura para las mujeres. En los bares tampoco es fácil distinguir a los jóvenes de barrio de los creativos. Todos se comportan como si fueran muy de ahí, los unos porque lo son, los otros para dejar muy claro que no es la primera vez que vienen, todos con esa mirada indiferente que dan los lentes oscuros.

Pero lo mejor del Festival son sin duda las conferencias. Este año vienen Alejandro González Iñárritu, Anna Wintour, Anthony Bourdain y Ban Ki-moon, entre otros. Es difícil imaginar otra industria capaz de reunir a tantas grandes mentes en el mismo sitio. La mayoría vienen por el cheque, sin duda, pero aún así algo tendrá que tener la publicidad para que gente de perfil tan alto y tan lejano sienta curiosidad en venir. Tal vez que todos ellos, a su escala, están confrontados con la publicidad y el marketing, en el trabajo y en lo privado. Tal vez que sí se reconoce como una forma legítima de creatividad, inclusive por el ex secretario general de la ONU. Tal vez que tiene más poder del que queremos ver, y que conviene estar cerca de ese poder si se quiere tener voz en los grandes debates. Las marcas se han convertido en actores clave en miles de temas de sociedad. Basta fijarse en los debates entorno al feminismo, el bullying, la salud, el empleo, el desempleo: nunca las marcas tuvieron tanta influencia, fueron tan importantes. Quizás a eso se refería el taxista con “el club de los leones”.

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